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La aceptación

La aceptación | Paradoxo

Es probable que no te hayas parado a pensar en lo que significa el término “aceptación”; no sólo en su significado propiamente dicho, definido por el Diccionario de la “Real Academia de la Lengua Española” (RAE) como: “Recibir voluntariamente o sin oposición lo que se da, ofrece o encarga”; “Aprobar, dar por bueno, acceder a algo”; “Recibir o dar entrada”; sino yendo más allá, haciendo una reflexión profunda sobre sus implicaciones y su alcance.

Mucha gente, confunde “aceptación” con “resignación”; de hecho, en más de una ocasión, hemos escuchado decir a algunas personas en terapia, tras hablarles de la importancia de que acepten las circunstancias que tienen en un momento concreto de su vida, que si lo hiciesen, estarían “tirando la toalla”; nada más lejos de la realidad.. La aceptación no sólo no tiene nada que ver con la renuncia ni la resignación, ambas con una connotación negativa, sino que constituye una actitud positiva y además, si “buceamos” en las filosofías orientales (hinduismo, budismo, taoísmo, etc), descubriremos que es algo mucho más profundo, con un importante significado a nivel espiritual.

Si volvemos a la definición de la RAE, vemos como se asocia la aceptación con aspectos como el “recibir”, “sin oposición”, “acceder a algo”,…todos ellos positivos. Es cierto que es humano y comprensible que, cuando las cosas no marchan bien, cuando estamos en una de esas etapas en las que parece que todo se vuelve del revés o las preocupaciones se juntan, o cuando un gran disgusto nos impacta, nos invada la rabia, la impotencia y mostremos reacciones de rebeldía e incluso de agresividad. Desde el punto de vista de la lógica, es natural que, si algo nos abruma o nos provoca dolor, tratemos de luchar contra ello, rebelándonos, intentando evitarlo o esforzándonos porque todo se termine lo antes posible. El problema, es que esta actitud, por muy lógica que sea, no hace más que agravar nuestra vivencia del problema en cuestión, provocándonos todavía más sufrimiento y un gran desgaste físico y emocional.

Por sorprendente que parezca, ¿qué sería lo más beneficioso?: ACEPTAR.

Aceptar en su totalidad ese problema o circunstancias adversas, hasta que se resuelvan de un modo u otro. Por supuesto que no es fácil, pero, aunque no lo creas, puede llegar a resultar sencillo.

¿Cómo lograrlo?. Lo más recomendable es tratar de adoptar lo que se conoce como la actitud del “observador”; esta actitud implica que, a pesar de lo abrumado/a que puedas estar, hagas lo posible por separarte de ti, es decir, del “personaje” o rol que desempeñas en la sociedad y en el entorno en el que vives y seas capaz de verte “desde fuera”, con los beneficios que esto conlleva.

Al marcar distancia con el “personaje”, estás separándote también de tu mente y de su “ruido”, es decir, te separas de toda la retahíla de pensamientos negativos recurrentes que te atormentan en tu vida cotidiana. Además, de esto, adquieres una visión más amplia, más serena y neutral de aquello que te preocupa o del problema en cuestión.

La manera más eficaz de “observarte” es entrenándote en la relajación. Mientras te acomodas en un lugar agradable, silencioso e íntimo para ti, comienzas a respirar profundamente y a centrarte en sentir como el aire entra y sale de tu cuerpo; al principio, te molestará la incesante cadena de pensamientos negativos que pasarán por tu mente, pero manteniendo la calma, dejándolos pasar, sin juzgarlos, sin quedarte “enganchado” a ellos y siendo constante en este entrenamiento, pronto adquirirás la capacidad de ser tu “observador” y recogerás los frutos de la misma.

Por tanto, el hecho de “observarte” a ti mismo y a tus pensamientos, no sólo te va a relajar, sino que te va a centrar y a enfocar hacia posibles soluciones y en la dirección de alcanzar tus objetivos (cuando está en tu mano) y en el caso de que la solución no dependa de ti, ten por seguro que te aportará herramientas para sobrellevar lo mejor posible las circunstancias adversas y para protegerte emocionalmente mientras éstas duren.

Desde luego, es un gran ejercicio de voluntad, humildad y desarrollo humano, pero también es cierto que, la satisfacción y plenitud que te aportará, serán proporcionales al esfuerzo realizado y será una herramienta que te ayudará toda la vida.

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